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Actualmente José Enguídanos disfruta de su gran aceptación en Alemania como uno de los artistas señeros en la prestigiosa “DIEGALERIE” de Frankfurt, donde se le ha brindado una gran exposición de dos meses, algo reservado a muy pocos. En España, es uno de los habituales en la importante galería madrileña Blanca Soto. Más información sobre él:

https://www.virtualgallery.com/galleries/jose_enguidanos_a407814

estación perdida

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Enguídanos ha soñado, otra vez, que la especie humana se devoraba a sí misma, y que el último superviviente, lejos de buscar un nuevo comienzo, lejos de representar un símbolo de esperanza, incapaz de escapar a la vorágine destructiva en la que le ha atrapado su propia naturaleza, no ha calmado su apetito de muerte hasta habérsela dado al último de los seres vivos que habitaba el planeta.

Se ha dado cuenta de que dormía, pero no ha querido despertar. Como Borges, consciente de la importancia real –valga la expresión en varios sentidos- de los sueños y su influencia en el mundo de la vigilia, se resiste a abandonar el sueño de vacío, sin llevarse al menos el recuerdo de lo que sabe que ha visto de forma tangible, real. Tiene que contarnos lo que sabe, tiene que advertirnos de que lo que le ha angustiado puede ser un futuro no demasiado lejano, o el pasado más primitivo, o ambas cosas a la vez.Tal vez sea la esencia de todo, un mismo armazón que siempre ha estado, está y estará bajo nuestra piel tan bien cuidada.

Enguídanos hace equilibrios sobre lo alto de la tapia gris y desconchada que separa los dos mundos ,mientras mira un lado y el otro y advierte que uno es un reflejo del otro, pero distorsionado, corrupto, desahuciado de esperanza. Lo que no puede saber con seguridad es cuál es reflejo de cuál, duda si serán el mismo sitio en dos épocas distintas. Ambas realidades a ambos lados de su tapia vieja, gris y desconchada, se generan la una a la otra, y sin el equilibrio retroactivo que se aportan perderían su razón de ser y su sentido. A veces, cuando Enguídanos ya se ha preparado un café caliente y está pintando en su cubil, no sabe qué realidad esconde, en realidad, la esperanza para la especie humana.

buscando la orilla

¿Qué tendría que pasar para que la tapia se derrumbara? ¿Qué pasaría si la tapia se derrumbara? La tapia nos separa del otro lado y nos protege del mal. En estos tiempos el mal acecha. Alguien, alguna vez, se rió cuando un amigo le dijo que podrían venir tiempos muy duros, y pudo estar en Alemania en 1936 o en Sarajevo en 1990. Enguídanos ve escenas que otros no ven y sabe, por remanente de sueños, aún sin saber claramente el porqué, que tiene que advertirnos de lo cerca que estamos de provocar nuestro propio colapso como especie, como sueño y como esperanza. Al otro lado ha visto seres de dudosa lógica que chirrían con el ambiente, pero al tiempo parecen estar en sintonía, ser la causa de la desazón que se respira. A veces ni siquiera les vemos, y no hace ninguna falta. La presencia que enturbia la escena nos sigue a corta distancia; a veces escuchamos un crujido en el suelo, otras casi nos parece sentir su insano aliento en la nuca. Y las sombras, las paradojas, nos resultan tan tremendamente familiares. Se puede sentir como si fueran capaces de acorralarnos y convertirse en el peor de nuestros miedos, en ese fantasma concreto al que le dejamos a deber una promesa que no tuvimos huevos de cumplir.

Que los cuadros de Enguídanos no pasen jamás de ser advertencias sobre mundos que podrían ser posibles, pero que, para nuestra tranquilidad, no sucederán. O no deberían suceder. Que no tengamos que ver desiertos grises y cielos púrpura donde cuando niños jugábamos al escondite, que los huesos de nuestros demonios no nos acusen más que desde un lienzo, que el único lugar donde los simios gobiernen la Tierra de nuevo sea uno delos cuadros de Pepe Enguídanos. Que los miremos, sintamos un escalofrío por la espalda, una sensación de deja vu, y nos sacudamos de encima esa sonrisa maliciosa que nos ha aparecido sin darnos cuenta. Sólo depende de nosotros, no podremos decir que nadie nos ha avisado.

(C) Ángel M. Alcalá y José Enguídanos, 2014.

enguídanos

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