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Has desconfiado del nácar. Lo sabes, se te nota. Te ha temblado el labio, querida. Parece como si nunca me hubieras visto. Qué mirada, cristalina, como el agua de un manantial. Se te ve la vida; te siento el alma. Estás más guapa que nunca. Ni siquiera el día que fuiste blanca, ni aquel otro que te hicieron otra. Ni siquiera el día que me conociste. Ni siquiera el día que le conociste.

Has desconfiado del nácar.

Estás arrebatadora.

Apenas me creo que vaya a ser la última vez que te vea.

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(c) Ángel M. Alcalá

EBC8D1375C

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