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Recostada junto a mí
con la cabeza apoyada sobre mi pecho
veo tu mirada suave sondeando el infinito
que nos separa de la pared de enfrente.

Te das cuenta, me miras y me sonríes apenas

y me ha parecido que tus ojos
se movían a un centímetro por hora.

Todo sucede muy despacio y es gradual
lo que nos concierne en común se mueve
a la velocidad del tiempo bala

todo parece lo último que me pasará en esta vida
lo último que recordaré de ti como yo te quise
y todo está impregnado
con la sensación opresiva de no saber cuánto nos queda
de que estamos en el tiempo de descuento
de que este empate agónico
me equivale a una derrota
de que este tiempo nuestro ya es tiempo prestado
y no puedo hacer nada por cambiar las cosas
que seguramente
me tendré que ir de ti en cualquier momento
en mitad de la noche
llamadas telefónicas furtivas
un taxi, esperándome en la puerta
siento
como si ya tuviera la maleta preparada, siempre lista
para poder marcharme sin demoras, ruidos,
ni escenitas de despedida
cuando se nos acabe el tiempo.

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(c) Ángel M. Alcalá

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