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El pintor Miguel Barnés fue hasta su repentina muerte, ocurrida en diciembre de 2011, un referente del arte manchego que se movía con naturalidad en la dimensión internacional. Un maestro. El pintor abstracto más importante surgido en los ambientes de la ciudad, con obra en colecciones y museos de medio mundo y cuyo ambiente natural era, por último, el mercado berlinés. La muerte le llegó en la cumbre, y creciendo.

Este artículo fue publicado en 967Arte nº 5 en febrero de 2010. No sé si alguien discutirá su importancia como artista, pero la Agencia Efe, por mostrar un ejemplo, no hace una noticia con la muerte de cualquiera.

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1051860

Aquí una entrevista de 2004:

http://www.lacerca.com/noticias/castilla_la_mancha/miguel_barnes_pintor_visceral-99224-1.html

 

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Reproducciones Expo Miguel Barnés

Miguel Barnés es observador, reflexivo, inquieto. Tiene el talento y conoce la verdadera importancia de la técnica, nunca deja de buscar una vía más cercana y comprensible para el espectador, jamás se ancla en estilos permanentes que puedan reincidir en el mismo concepto una y otra vez. El artista, sin matices, es una criatura evolutiva pura en tiempo real, que no cesa de adaptarse a las condiciones propias y externas, un ser inclasificable que se adapta a las circunstancias enriqueciendo sus principios sin renunciar a toda la gramática anterior adquirida. Ese es, y ha sido siempre, el motor que ha movido a Miguel Barnés. Crecimiento, conocimiento y constante evolución.

A finales de los setenta, un joven Barnés vive y trabaja en Madrid como empleado de banca. Casado y con una hija, y con un puesto de trabajo confortable, disfruta y explora el auténtico Madrid cultural de oro de los últimos tiempos. La Movida Madrileña es una eclosión de arte por toda la villa; todo lo toca y todo lo impregna, todo lo contamina. El arte en sus diferentes modalidades sufre revoluciones de unas consecuencias que marcaron hitos aún por superar, también en la pintura. Las salas madrileñas se desinhiben y traen posibilidades plásticas casi desconocidas en España, como el expresionismo americano de mitad del siglo XX. Los Pollock, Kline y De Kooning han cruzado nuestra frontera y han sido capaces de influenciar a los artistas autóctonos. Entre el maremagnum expositivo de la época, el también expresionista abstracto Xavier Grau es el responsable de una exposición que fascina al joven Barnés y propicia el hallazgo de su propio lenguaje pictórico, su identificación con el expresionismo cercano a los americanos y la determinación total de dedicarse al arte por completo, en exclusiva.

Un cambio de vida semejante supone una época arriesgada, pero fecunda en avances y descubrimientos. Durante los ochenta se suceden las exposiciones y el trabajo, que lo muestran como un auténtico action painter que se mueve sobre grandes telas blancas, extendidas en el suelo, con vitalismo febril de ilusión creadora. Sus lienzos abordan el all over de colores fuertes con una dedicación paciente y metódica, en busca del equilibrio visual del color y los trazos cerrados en el lienzo. Entrados los años noventa, Barnés siente que para seguir evolucionando debe salir de Albacete, y se lanza a una serie de viajes en colaboraciones humanitarias por lugares como Burkina-Fasso, el Sahara y La India. Su energía se renueva al contacto con el estímulo de nuevas realidades, tocada en su inquietud artística, pero también social. Barnés demuestra un compromiso con su experiencia vital a la altura de un cambio de filosofía plástica. En esta época se centra en obras figurativas concebidas con lápiz y acuarela, trabajadas en cuadernos que puedan ser transportados a cualquier parte en medio de cualquier situación. Sus obras figurativas son necesarias para poder expresar una realidad que clama justicia e igualdad, y sólo con figuración pueden expresarse la mayoría de los lenguajes éticos. Barnés ratifica su gran dominio del dibujo en todas sus posibilidades. Quizá por este lado, ya acabados sus viajes de cooperación, da el paso hacia su siguiente etapa, de nuevo en las dimensiones de lo abstracto, que muestra un punto de inflexión definitivo cuando conoce Berlín. De vuelta a occidente, al pulso de arte contemporáneo.

Barnés Reichstag-Diciembre-2011

En lo que llevamos de siglo XXI, el autor ha madurado hacia caminos mucho más personales o serios, como él mismo ha dicho alguna vez. La evolución de su carrera ha sido coherente, mezcla de trabajo y estudio paciente, como han de serlo todas las cosas bien acabadas. Las formas abstractas han tomado de la figuración cuanto necesitaban para reafirmar su identidad indefinible. El protagonismo no es ya tan evidente para el color y la línea, porque lo empiezan a compartir con el volumen. Nuevas formas de color, de texturas que parecen tangibles, toman consistencia casi tridimensional en las obras de los últimos años para dar lugar a un nuevo lenguaje plástico que le absorbe completamente. La expresión y la forma dan lugar a paisajes abstractos de formas nítidas y trazos palpitantes. El dibujo y la pintura de Barnés contornean, delimitan y difuminan relieves consistentes, líneas que parecen continuar y extenderse más allá de los bordes del cuadro. Los lienzos son ahora ventanas que apenas enseñan una muestra del universo que hay al otro lado, en el que el artista vuelve a encontrar la frescura del gesto, de la mancha, del movimiento, de la figura, de la acción, para por fin, culminando el cuidadoso ciclo, dar paso a la improvisación y la resolución.

Tradición e innovación se advierten hoy, por igual, en la obra última de un Miguel Barnés en pleno apogeo. Su ya vasta formación interactúa con las últimas corrientes abstractas para seguir descubriendo nuevas posibilidades en un clima idóneo, el de Berlín, y poder abrir nuevos caminos de expresión. La capital alemana es hoy uno de los principales focos mundiales del arte contemporáneo y sin duda el mayor de Europa. Su actividad artística desborda posibilidades innumerables en forma de escuelas, galerías y estudios de toda condición, en los que desarrollan su trabajo algunos de los mejores creadores del panorama internacional. Qué mejor sitio para Barnés, siempre con ansia de aprendizaje, que la capital de la vanguardia artística actual.

Las posibilidades de trabajo y contactos de Berlín distan años luz de cualquier ambiente español, igual que las posibilidades de aprendizaje. En este capítulo recién comenzado, Barnés da otro paso de gigante en su muestrario: su experimentación más reciente le ha llevado a alejarse del lienzo totalmente pintado para empezar a incluir el blanco en los fondos. El acto de pintar sigue siendo inmediato y espontáneo, aún se nutre del movimiento, del color, el espacio y la línea sobre la tela, aún el cuadro es el que dicta cuándo ha sido terminado, pero el autor ha conseguido acercarse un poco más a conocer cuándo llega ese momento. El oficio y la reflexión le han dotado de un olfato preciso durante el proceso de creación, que le guía con una claridad no tan evidente en sus inicios. Miguel Barnésse halla inmerso ahora en un ejercicio de autocontrol, dejando que el blanco dé a las obras una estabilidad serena y una armonía en la composición que quizás no eran tan nítidas en épocas anteriores. El artista sigue encontrando su camino, y cada vez lo pisa con mayor determinación y criterio, cada vez más cerca de la maestría, aunque se siga sintiendo un estudiante de arte, o tal vez gracias a ello.

Por Ángel M. Alcalá

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(c) Ángel M. Alcalá

Barnés

La calma, la paciencia, la constancia, la eficacia.
Frente a la tradición, nuevas vías expresivas, el ritmo abierto, la libertad creadora.
Frente al caos, el orden, la relación.
Frente a la geometría, la intuición, lo expresivo, el trazo suelto.
Frente a lo gris, el color, la armonía de tonos.
Frente a lo acabado, lo fresco, lo inmediato.
Frente a la deconstrucción, la desfragmentación.
El peso convive con lo leve; no como contrario, sino como complemento.

Texto de Miguel Barnés, al volver de La India en 2000

 

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