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Necesito escucharme y no puedo
busco el silencio entre los edificios que rompen el cielo
me hago el despistado cuando me cruzo mi reflejo en los escaparates
quiero pasar desapercibido, marcharme en silencio.
No hay forma de ser libre y salvaje entre tantas jaulas y domadores
tengo que huir del cemento y volver a mi casa
para contar todo lo que he visto y lo poquito que me he enterado de la película.
Me tomarán por loco o por tonto
y sonreiré pensando que me entienden mejor de lo que creen.
Mi sitio está donde no existe el hombre
-la memoria de las piedras no guarda constancia
-o dice no tenerla, convencida- de tener nada que agradecerle-
es mi voz la que usan los árboles para reconocerse
como yo uso su corteza para evitar las inclemencias de la moralidad humana
las doctrinas de los iluminados
y los milagros retransmitidos en exclusiva
en vivo y en directo.
En ese lugar me crecerán las alas cuando nadie mire
sólo tendré por límites mi voluntad
la determinación de renacer cada mañana
aprender un poco más de mi pasado
desencriptar mi futuro
y entender el paso de las estaciones
y de los años, escuchando callado,
las tertulias de los bosques cuando el sol se pone.

(C) Ángel M. Alcalá, 2104.

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