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Disfrutábamos
una mañana permanente
un amanecer disuelto en la niebla
el espíritu se evaporaba con el aire
y nosotros
corríamos
escondiéndonos entre las viñas
ocultándonos debajo de las ramas muertas
procurando el consejo de arroyos efímeros
recorriendo, sin prisas, las veredas

siempre hacia el norte
siempre hacia el lado donde nace el musgo
sorteando cadáveres que se descomponían
ante nuestros ojos
comidos por las alimañas
pero era todo verde y hermoso
no temíamos a los duendes
ni a los lobos
en todo
estábamos nosotros
en una intemperie gélida
nosotros no parábamos un instante
corríamos con los pies rotos y corríamos
con los pies de fuego

confiábamos en que la vida siempre
podía seguir creciendo
todavía
no sabíamos que las cosas que mueren
ya no vuelven nunca.
.

(c) Ángel M. Alcalá

Soviet partisans in the forest near Polotsk, Byelorussian SSR in September, 1943.

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